Qué NO hacer en Santiago si eres peregrino (o turista): reflexiones para aplicar el sentido común

Partamos de una base: en Quintana Massages no tenemos nada en contra de los peregrinos (ni de los turistas). Santiago es una de las ciudades más acogedoras de Galicia y eso se muestra cada vez que se interactúa con la gente local. Ahora bien, hay algunas actitudes de ALGUNOS visitantes peregrinos que afean el conjunto de un colectivo que, en general, es muy respetuoso (recalco lo de «algunos» porque es eso, una parte pequeña de ese colectivo).

En esta web hemos publicado numerosos artículos encaminados a ayudar a resolver las dudas sobre el Camino de Santiago (mochila, tipos de Camino) y sobre las lesiones producidas por la caminata. Incluso hemos reservado un espacio a recordar qué hacer después de la peregrinación, ya de vuelta al hogar.

Este artículo, aunque de un cariz distinto, va con el mismo objetivo: intentar ayudar a ver la importancia que tiene llegar a un lugar como Santiago e intentar ayudar a que la gente se dé cuenta de que, a veces, hay acciones que perjudican a todos, tanto habitantes como visitantes. A grandes rasgos, esto es una guía con aquellas cosas que suceden a veces en la ciudad y que no debe hacer un peregrino al llegar a Santiago.

Aclaro también que está escrita por mí (Dani Keral, madrileño viviendo en Galicia), con mis reflexiones, tras haber vivido la ciudad y haber recogido observaciones y vivencias del equipo de Quintana Massages.

Qué no debe hacer un peregrino en Santiago: guía para ayudar a aplicar el sentido común

A Santiago llega mucha gente, especialmente durante el año Xacobeo. Esto hace que, de entre toda esa gente, haya personas no tan conscientes de que sus comportamientos pueden no ser los idóneos.

Esta lista nace de la observación y de la vivencia directa de la ciudad por parte de los miembros del equipo de Quintana Massages. Que quede claro que nos queremos alejar de toda polémica, simplemente queremos reflejar una serie de comportamientos que no son, quizá, los ideales para una ciudad como Santiago, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Depositar restos del equipaje (ropa, calzado, etc) en la ciudad

Hay una extraña tradición que han ido adquiriendo los peregrinos que es dejar restos de su equipaje a la llegada a la ciudad (algo que también sucede en Finisterre, al final del Camino de Santiago de Fisterra-Muxía, donde la gente deposita e incluso quemaba sus botas).

Este hecho, que puede simbolizar una especie de “ruptura con el yo del antes de la peregrinación” es una de las que más se ha extendido durante los últimos años y de las que es necesario ser conscientes de su problemática. Han ido apareciendo diferentes puntos de acúmulo de restos en lugares como la entrada a la ciudad por el Camino Francés o en el propio casco histórico de Santiago, en muros cercanos a la catedral (en verano de 2021 el ayuntamiento ya tuvo que ponerse serio y recoger y prohibir este tipo de acciones).

Hay muchas formas de simbolizar esa metamorfosis pero, desde luego, la de dejar restos que se acaban convirtiendo en basura (mucha basura), no es la ideal

Descalzarse en lugares públicos

Los peregrinos llegan cansados (llegamos, nosotros también lo hemos sido y lo volveremos a ser) y con los pies ardientes y llenos de ampollas. Esto es un hecho. La primera necesidad que surge al llegar a Santiago es quitarse las botas y dejar los pies al aire. Esto, que un parque o una playa puede ser algo coherente, empieza a perder sentido común cuando sucede en la propia plaza del Obradoiro, en terrazas, dentro de bares o iglesias (de hecho, en algunos bares del Camino hay carteles donde se pide expresamente que los peregrinos no se descalcen).

Los pies de un peregrino son olorosos y ese olor, multiplicado por 300 (en el Obradoiro) o en un espacio cerrado es algo que hay que tener en cuenta de cara al resto de personas que se encuentran alrededor.

Plaza del Obradoiro: epicentro de los visitantes

La plaza del Obradoiro es el lugar en el que confluye todo el mundo que llega a Santiago. Y cuando digo todo es TODO el mundo: peregrinos, turistas, habitantes, estudiantes… La plaza es enorme pero, aún así, se queda estrecha en ciertos momentos, sobre todo en verano y en años clave como el Xacobeo. En esos momentos, lo que hacemos, influye mucho al resto.

Aparte del tema ya mencionado de los pies descalzos, hay comportamientos que, recientemente, han salido en la prensa como gestos a evitar: comer y beber (hacer picnic, básicamente, del cual siempre después queda basura); hacer actividades más propios de yincanas (decenas de chavales saltando en fila sobre su decena de mochilas, apiladas en el centro de la plaza); celebrar la llegada con rituales que, aunque comunes en otro sitios en Santiago están algo fuera de lugar (como escanciar sidra en la calle: sí, esto sucedió por parte de un grupo de asturianos que acababan de llegar de peregrinación).

Algunos dirán que son demasiadas restricciones, que hay que dejar libertad. Sí y no. Todas esas actividades, recordemos, se desarrollan en un entorno que tiene protección patrimonial especial (es decir, que hay prohibición oficial y expresa). Pero, sobre todo, es algo que, por propio sentido común, habría que sopesar como una actitud no del todo respetuosa para las otras personas que están en el lugar, ya sean otros visitantes como habitantes de una plaza que, en ocasiones, acumula a  muchísima gente.

Respetar los monumentos

Este punto no es solo aplicable para la ciudad de Santiago. Todos los monumentos del planeta son sufridores de la poca conciencia de algunos visitantes. El casco antiguo de Santiago, como hemos dicho, es todo él un monumento con declaración de Patrimonio de la Humanidad. Sus muros, paredes etc. no son espacios para depositar botellas, latas (esto incluye a la gente local, ojo) ni tampoco para auparse a ellos.

Durante verano de 2022 el ayuntamiento instaló varias esculturas de Manolo Paz repartidas por la ciudad. Esta es una imagen que fue captada por la prensa gallega durante estos días: obviamente, sobra decir que la escultura no fue instalada ahí para que un ser humano se subiese a posar.

Celebraciones nocturnas sí, pero modulando el tono de voz

En el casco antiguo de Santiago viven vecinos. Aunque en los últimos años la ciudad ha ido sufriendo una gentrificación que ha ido sacando a los habitantes de su entorno, aún hay gente que vive en él. Es por ello que es importante respetar en el ámbito nocturno el descanso de esos vecinos. Santiago tiene numerosos lugares de ocio nocturno y la euforia de haber terminado el Camino a veces lleva a que las celebraciones se eleven de tono en unas calles de piedra que actúan como auténticos amplificadores de sonido.

El idioma gallego en Santiago de Compostela

Por último, quiero dedicarle un rincón a algo que no está vinculado con el comportamiento de los visitantes, sino de los locales de cara a los visitantes. Como dije al principio, en Santiago hay mucha gente acogedora (los hay también un poco rabudos, pero no son la mayoría). Esto lo digo como madrileño que ha vivido en Santiago durante años.

De la misma forma, en Santiago también hay mucho “galego falante”, es decir, gente que habla en su día a día en gallego. Santiago es, de hecho, una de las ciudades de Galicia donde más gallego se habla (por no decir la que más). Esto no mucha gente lo sabe y se da cuenta en cuanto camina e interacciona un poco con gente local (bares, tiendas, vecinos…) o leyendo el menú de algún bar o restaurante.

Digo esto porque la gente habla en gallego con total naturalidad y, en ocasiones, pueden dirigirse a una persona no gallega en ese mismo idioma, porque es lo que tienen como cotidiano. Muchos lo cambian en cuanto ven que la persona contesta en castellano (como yo), otros lo mantienen, la gran mayoría porque no se dan cuenta o porque asumen que el otro les puede entender. Es importante comprender que no hay malicia ni fines nacionalistas en ese gesto, por lo que es importante no sacar los dientes a la primera de cambio ante una situación como esta, porque el malentendido, mal dirigido, sí que puede llevar a un enfrentamiento absurdo.

Respecto al tema de los menús en gallego (que cada verano provoca alguna polémica por redes sociales), es frecuente encontrar lugares donde no lo tienen en idioma bilingüe. De nuevo, no hay que pensar que detrás se esconde malicia: el bar o restaurante se dirige, aparte de a los turistas, a la gente que habita la ciudad que, como he dicho antes, usa el gallego como lengua principal. Si no se entiende alguna palabra (a mí me ha pasado y me seguirá pasando), basta con preguntar al camarero y no sentirse ofendido por ello.

Esperamos que este artículo más reflexivo que práctico no haya resultado ofensivo a nadie y se enfoque desde el lugar correcto: aplicar un punto de vista desde los propios habitantes de la ciudad.

Tan solo nos queda recordaros que, si llegáis a Santiago (o vivís en él) y sentís algún síntoma de sobrecarga, no dudéis en acudir a nuestra sede, en la Plaza de la Quintana. Podéis acceder a nuestra hoja de reservas y servicios en este enlace.

Por último, nos gustaría comentaros que tenemos esta guía gratuita para evitar lesiones y mantenerse en forma:

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Autor: Dani Keral
Fisioterapeuta, blogger de viaje, fotógrafo y redactor en medios como Condé Nast Traveler, Yorokobu, Viaje con Escalas y Revista Salvaje. Creador, guionista y locutor del podcast El Vuelo Sonoro de Radio Viajera. Culo inquieto.

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